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En tierra Masái (3ª parte)

SERRALLONGAGuerrero masái junto a Jordi Serrallonga. Maramboi, Tanzania

(Originalmente publicado en http://www.anthropologies.es)

En los posts del reportaje “En tierra Masái” se publicaban las entrevistas realizadas a dos miembros de la comunidad masái de Loliondo. En esta ocasión, he tenido la suerte de realizar una serie de preguntas al profesor Jordi Serrallonga. No quisiera dejar pasar la oportunidad de agradecer al Jordi su tiempo y disposición para realizar esta pequeña entrevista.

Jordi Serrallonga es arqueólogo, naturalista y explorador. Es profesor de Prehistoria y Evolución Humana de la Open University of Catalonia, y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Además es director de HOMINID Grupo de Orígenes Humanos de la Universidad de Barcelona y director de numerosas expediciones arqueológicas, naturalistas y antropológicas por Tanzania.

A continuación, la entrevista realizada en la que el profesor Serrallonga ofrece un punto de vista muy interesante:

– ¿Desde cuándo tiene contacto con Tanzania?

Desde la década de los 90, cuando empecé a explorar las tierras de la antigua Tanganyika en pos de los Orígenes de la Humanidad y acabé encontrándome con un paraíso de etnias, faunas, floras, paisajes…

– ¿Ha visitado la división de Loliondo?

Sí, la he visitado en diferentes ocasiones.

– ¿Conoce el conflicto de tierra que existe en Loliondo?

Lo conozco. Me hablan del conflicto, pero también se vive.

– ¿Conoce personalmente a masáis que vivan allí y que hayan sufrido o estén sufriendo esta situación?

Tengo el placer, el honor, de conocer y compartir amistad con muchos tanzanos. Es una de las buenas experiencias que te da África, hacer cientos de amigos. Y, por cuestiones relacionadas con mi trabajo antropológico y arqueológico de campo, un buen número de estos amigos son maasai y, algunos, habitan en Loliondo.

– ¿Puede describir en qué consiste este conflicto?

Es un tema complejo y difícil de resumir en pocas palabras. Ahora bien, si realizamos un ejercicio de síntesis, el resumen sería que los maasai ocupan, desde aproximadamente el siglo XVII, los territorios del Norte de Tanzania. Cuando no existía un gobierno estatal, cuando las etnias se ubicaban en las tierras más fértiles para cazar y recolectar (es el caso de los hadzabe), o para la ganadería (es el caso de los maasai), no tenían ninguna institución que les dijera que estas regiones tenían un “amo”. Mientras los hadzabe nunca han creído que la tierra es suya pues son nómadas predadores sin sentimiento de propiedad privada, los maasai, desde sus orígenes –ganaderos seminómadas y guerreros que desplazaron a otros pueblos en su camino migratorio procedente de las regiones nilóticas– tomaron posesión de estas regiones: era su país. Con el proceso de colonización y descolonización, con la aparición de los estados modernos en África, el gobierno, el gobierno de todos los tanzanos, pasó a ser el propietario de la tierra. Y este es el origen del conflicto. Mientras que los maasai seguían ocupando, con sus rebaños y bomas (poblados), territorios alejados de las incipientes urbes y negocios del turismo, no existió ningún problema. Ya en la década de los 60 los maasai, a instancias del gobierno del primer presidente de la Tanzania independiente, Julius Nyerere, abandonaron de forma voluntaria y pacífica las rica región que hoy ocupa el Parque Nacional del Serengeti. Los motivos: preservar la fauna que estaba en peligro de extinción debido, sobre todo, a la descontrolada caza mayor del hombre “blanco”. Una reducción de la fauna que podía acabar con este paraje natural si los pocos animales salvajes entraban en contacto con los animales domésticos de los maasai.

Entonces, los maasai se tuvieron que desplazar hasta otras zonas que estaban ocupadas por otros clanes maasai, y otras etnias: Ngorongoro, Loliondo, Arusha, etc. Y ahí han seguido desarrollando su forma de vida basada en la producción y riqueza del ganado. Ahora, en un caso parecido al ocurrido al de los años 50 y 60 en el Serengeti, el gobierno tanzano les pide que marchen de la región de Loliondo para facilitar los corredores naturales de la fauna salvaje que se mueve entre Tanzania (Serengeti) y Kenia (Maasai Mara). Ellos creen ser los propietarios históricos y morales de la tierra pero, según la legislación vigente, el propietario legal es el gobierno. Por lo tanto, el conflicto está servido pues los maasai de Loliondo no quieren abandonar el que consideran su hogar, y el gobierno esgrime el argumento que es para beneficio de todos los tanzanos y su patrimonio natural. El problema es que, en todo este embrollo de posesión de tierras, ha aparecido un tercer agente. Una empresa dedicada a la caza mayor que está actuando en la zona y que plantea un debate: ¿es compatible pedir a los maasai que se marchen de Loliondo por un tema de conservación de la vida natural y, al mismo tiempo, permitir actividades cinegéticas? Como decía antes, un tema muy complejo.

– ¿Cómo afecta al modo de vida del pueblo masái?

En primer lugar, y como es natural, ningún pueblo quiere marchar de la que considera que es su tierra; los maasai, como decíamos antes, son productores y, a pesar de llevar una vida nómada que cada vez se sedentariza más debido a la disminución de los territorios de pastos, se creen propietarios del territorio que ocupan. Además, si marchan hacia otros lugares, con sus grandes rebaños de ganado, entrarán en conflicto con agricultores, granjeros, e incluso otros pueblos ganaderos –entre ellos, los propio maasai– que no podrían absorber la llegada de más habitantes y sus actividades económicas. Por lo tanto, es posible que muchos maasai tengan que abandonar la vida ganadera para adoptar, como ya ocurre en otras zonas, la vida agrícola o urbana.

– ¿Desde cuándo tiene constancia de este problema?

Es un problema largo; en la década de los 90, cuando llegué allí, ya se hablaba.

– ¿Cuál cree que sería una posible solución viable a esta situación?

La única solución que veo es realizar proyectos de conservación del medio que no sólo tengan en cuenta a la flora y fauna salvajes –que, como naturalista, considero importantísimas para Tanzania y el Planeta– sino también a los pueblos humanos que viven en ellos de forma tradicional. Aún así, este discurso puede parecer romántico y egoísta. Me considero amigo de los maasai y, desde que era un chaval, soñaba con conocerles y ser uno de ellos. He escrito sobre ellos. Los estudio. Pero también hemos de reconocer que nos preocupamos por los maasai porque son visibles; son un icono de África para documentales, revistas de fotografía y pósters para agencias de viajes. Pero en Tanzania, y en estos territorios existen otros muchos pueblos. Los hadzabe, como cazadores-recolectores, están a punto de desaparecer ante el desconocimiento de buena parte de la comunidad internacional, y existen pueblos agrícolas que también se ven inmersos en estos conflictos.

– ¿Qué considera que puede hacerse desde fuera de Tanzania para ayudar a la comunidad masái?

En relación a mi respuesta anterior, pienso que, en primer lugar, desde Europa, desde los Estados Unidos, Japón, Australia, etc., tenemos que empezar a entender que África no es un gueto nuestro. Debemos de abandonar la falsa actitud paternalista que nos lleva a querer salvar la parte más romántica de África (la que nosotros hemos perdido en nuestras regiones: la naturaleza, las etnias tradicionales, etc.) diciendo siempre cómo deben actuar los gobiernos africanos. Estos gobiernos necesitan introducir cambios (carreteras, empresas, industrias, ciudades, etc.) para poder permitir que sus países avancen. La especie humana es así: crece, crece y crece. Y, aunque soy el primero que sigo emocionándome, como científico y como persona, cuando veo los paisajes de África, y la forma de vida de los maasai, también entiendo que cambiarán de forma inevitable.

En resumen, es bueno que reivindiquemos el conflicto de Loliondo, y esto hará que se intenten buscar mejores soluciones, pero llevo muchos años en África y tenemos tendencia a criticar lo negativo que ocurre allí y jamás hablar de las muchas cosas positivas que se hacen. Desde dentro, desde fuera, se ha denunciado el conflicto de Loliondo. Ahora son los tanzanos los que deben tomar decisiones y soluciones de forma interna.

– Por favor, indique lo que estime conveniente acerca de este conflicto de tierra y de intereses políticos y económicos que existe entre el gobierno tanzano, las empresas de inversionistas y la comunidad masái.

Llevo dos décadas pasando gran parte de mi tiempo en Tanzania, y seguiré haciéndolo, pero sólo un tanzano –y quizás ni tan siquiera él– puede conocer todos los flecos de la problemática.

Este reportaje concluye temporalmente, no sin antes hacer mención a un acontecimiento de gran relevancia para Tanzania. El pasado 25 de octubre tuvieron lugar las elecciones generales a la Presidencia del país. Los resultados mantienen al mismo partido político en el poder, Chama Cha Mapinduzi (CCM), aunque Jakaya Kikwete, el anterior presidente, ha dejado el cargo tras cumplir dos mandatos de cinco años. A pesar de que tuvo a Edward Lowassa, de etnia masái, como un fuerte rival, John Magufuli finalmente fue declarado ganador por la Comisión Nacional Electoral, tras haber recibido el 58% de los votos. Seguidamente el 5 de noviembre de este mismo año fue investido comoPresidente de Tanzania. Para muchos masáis no ha sido una buena noticia, aunque por el momento afirman que las cosas están tranquilas en Loliondo.

Antes de las elecciones, como candidato prometió la redistribución de las tierras no utilizadas para evitar enfrentamientos entre los agricultores por un lado, y los ganaderos y pastores por otro.

“Sé que incluso altos funcionarios del gobierno poseen grandes extensiones de tierra, mientras que los campesinos y ganaderos tienen que compartir lotes pequeños, lo que alimenta conflictos que podrían evitarse”, dijo durante un mítin el candidato del Chama Cha Mapinduzi (CCM), partido en el poder desde la independencia de Tanzania en 1964.

El futuro aún queda por escribir para los tanzanos, incluyendo a etnias minoritarias como los masái, los datoga o los hadzabe, entre muchas otras. Esperamos que se encuentre una solución lo más adecuada posible a los conflictos y situaciones que viven miles de personas en este rincón de nuestro mundo.

REFERENCIAS:

http://www.elmuni.com/2015/10/anuncian-hoy-los-resultados-de-las-elecciones-en-tanzania.html

http://www.bbc.com/news/world-africa-34670983

Imagen: http://www.jordiserrallonga.com/Jordi_Serrallonga/Galeria.html#0

En tierra Masái (1ª parte)

“Lucharemos por nuestra tierra hasta el final”

(Originalmente publicado en http://www.anthropologies.es)

En nuestro contacto con Tanzania hemos conocido muchas personas, la mayoría masái. En uno de esos encuentros, recibimos un regalo con un gran significado para nosotros: una tela masái llamada Shuka que utilizan como vestimenta. Una pieza de identidad que revela un modo de vida, historia, tradición, un símbolo arraigado en la tierra africana. Este objeto es el hilo conductor de historias de vida de gente que lleva sufriendo un sinfín de abusos desde hace años.

Shuka

Loliondo es una división administrativa que forma parte del distrito del Ngorongoro, en la región de Arusha, al norte de Tanzania. Esta división se encuentra en la principal ruta de migración de la vida salvaje al norte del cráter Ngorongoro, al este del Parque Nacional de Serengeti y al sur de la Reserva Nacional del Masai Mara de Kenia. Loliondo está formada por una extensión de 4000 km2 donde viven más de 70.000 masái distribuidos en diferentes pueblos y aldeas. Los masái dependen del pastoreo y de su ganado para sobrevivir. La vida salvaje y los animales domésticos de los masái son incompatibles según el gobierno tanzano.

La temporada de caza durante el verano coincide con la migración del ñu y de las cebras a través del área, cruzando eventualmente por el Serengeti y el Masai Mara. Depredadores, como los leones, siguen la migración.

A principios del s. XX, los líderes coloniales británicos en Kenia y Tanzania querían hacer sus dominios más productivos, por lo que dieron sus tierras a los colonos y a los granjeros. A mitad de siglo, bajo la presión de los conservacionistas internacionales, los británicos vieron el potencial beneficio económico de convertir el asombroso paisaje de Tanzania en un conjunto de áreas protegidas, la mayoría de las cuales se encontraban en tierra masái. Tras la independencia del país en 1964, los líderes de Tanzania separaron un tercio de la tierra para destinarla a conservación (una meta que se acaba de cumplir hace poco) y se embarcaron en décadas de corrupción para facilitar la inversión privada en la industria turística. Los masái luchan desde hace tiempo contra los intereses de los inversionistas, a los que consideran otros depredadores más.

A los masái se les dieron dos opciones: emigrar a reservas del gobierno en la región del Ngorongoro o instalarse donde quisieran, siempre y cuando no fuera en los parques. Lo que entonces era un Loliondo escasamente poblado, limitante con Kenia, parecía ser la mejor opción. No era la primera vez que se les obligaba a marcharse. A mediados del siglo pasado, los masái fueron expulsados del Serengeti para realojarlos en el Cráter del Ngorongoro. Más tarde, cuando el Ngorongoro se declaró Área de Conservación, los desalojaron de nuevo fuera del Cráter para preservar la vida salvaje y que pudieran hacerse safaris. Serengeti proviene de la palabra masái “Siringet” y significa “llanura sin fin”; pero otros le pusieron fin a su llanura. Todo esto está ocurriendo en las tierras ancestrales de esta etnia de ascendencia nilótica desde hace décadas.

El gobierno tanzano declaró la división de Loliondo Área de Control de Caza mientras había familias enteras de masái habitando esa tierra. Se está planeando quitar a los miembros de la comunidad masái 1.500 km2 del área de Loliondo, trasladándolos a los 2.500 km2 restantes. Líderes cívicos de la zona de Ngorongoro han amenazado con renunciar como protesta a dicho plan.

El derecho a cazar en el Área de Control de Caza de Loliondo es propiedad de la empresa Ortello Business Corporation, que pertenece a la familia real de Emiratos Árabes Unidos.

La compañía ostenta una firma de caza en el parque desde mediados de los años noventa, pero hasta ahora los masái podían acceder a todo el área, lo cual limitaba la cantidad de caza. Los manifestantes dicen que, una vez el área haya sido dividida, los clientes de Ortello, incluida la Familia Real emiratí, tendrán mayor libertad para cazar en un área donde se encuentra la ruta de migración del ñu.

Khamis Kagasheki, ex Ministro de Recursos Naturales y Turismo y actual miembro del partido político tanzano Chama Cha Mapinduzi, comentó a los medios que la división “ofrece las mejores perspectivas de solución duradera a un conflicto de 20 años”.

También afirmó que el gobierno no está preocupado por los planes de renuncia de los líderes ni intimidados por las acciones de las ONG’s. “El final ya ha llegado y el país no puede ser manipulado por la presión de individuos u ONG’s”, comentó al diario de Tanzania “The Citizen”.

El conflicto continúa. Los masái han sido acorralados en tierras cada vez más pequeñas para dejar un mayor espacio al turismo de lujo y la caza.

Las compañías turísticas llegaron a Loliondo a principios de los años 90 con el objetivo de reintroducir cebras, rinocerontes y leones en las áreas donde los pastores masái alguna vez vivieron. A la empresa Ortello Business Corporation (OBC), una ostentosa agencia radicada en Dubái que lleva a la realeza árabe a cazar animales exóticos por placer, se le repartieron grandes “lotes de caza”, lo que le dio a la compañía el derecho de llevar a cabo sus expediciones a lo largo de todo el territorio de Loliondo.

Ha habido protestas, manifestaciones, reuniones, la voz de las comunidades masái se ha alzado varias veces. Ha habido abusos a los derechos humanos, fuego, disparos, muertes, heridos, incendios provocados, desahucios y migraciones forzosas. Se han escrito ríos de tinta sobre el conflicto de Loliondo, pero el problema persiste. Este pequeño reportaje tiene la intención de recoger varios testimonios para que se siga conociendo lo que estas personas están sufriendo todavía hoy, en este preciso momento.

El presente reportaje estará compuesto de tres partes; cada una de estas partes se dedicará a una entrevista realizada a personas relacionadas con el conflicto de Loliondo. En este artículo podemos leer la entrevista realizada a una mujer masái, una mujer cansada de que su comunidad sea perseguida por intereses políticos y económicos. Esto es lo que quiere contarnos:

– ¿Puedes presentarte para que te conozcamos?

Me llamo Nanda Kurusasi. Soy una mujer masái del Norte de Tanzania.

¿Dónde vives exactamente?

En Oloipiri, Loliondo

– ¿Cuánta gente vive allí?

Sobre unas 900 personas en este momento, aunque en total en Loliondo viven más de 70.000.

– ¿Con quién vives en Oloipiri?

Con mi marido, mi hijo, mis padres, y mis hermanos y hermanas. Tengo muchos hermanos: 23. De tres madres diferentes y un solo padre.

– ¿Puedes explicar cuál es el problema que existe en Loliondo?

El problema tiene que ver con la tierra. El problema en Loliondo es un conflicto debido al robo de nuestra tierra. Los árabes quieren reclamar las tierras a la comunidad masái. Miles y miles de hectáreas, donde nuestros pueblos están asentados. El problema aún continúa. El Primer Ministro hace dos años dijo que quería que el problema terminara, la comunidad masái alzaba su voz en protesta, fuimos al Parlamento, escribimos cartas… Pero el problema no ha terminado.

– Es decir, que el conflicto sigue existiendo, a pesar de que Mizengo Pinda, el Primer Ministro de Tanzania, hizo pública su decisión de paralizar el plan de evacuación.

Sí, el conflicto continúa, en estos momentos.

– ¿Por qué los árabes quieren la tierra de los masái en Loliondo?

Para cazar.

– ¿Turismo de lujo y safaris de caza?

– ¿Cuál es el plan del gobierno para vosotros? ¿Adónde quieren que emigréis?

Quiere que nos movamos del oeste hacia el norte.

– ¿Desde cuándo existe este problema?

Desde hace muchos años. No estoy segura, desde que era pequeña. Creo que empezó en 1992, cuando los árabes focalizaron sus intereses en nuestra tierra. Ahora el conflicto está creciendo porque es nuestro gobierno el que quiere arrebatarnos la tierra y dejarnos sin pastos para nuestros animales.

– ¿Se ha planteado al gobierno la reestructuración de la tierra para que se destine otro área a la caza fuera de Loliondo?

No quieren otro área; quieren la nuestra, donde han establecido el Área Controlada de Caza (Loliondo Game Controlled Area). Hay 54 áreas controladas de caza en Tanzania, incluída la de Loliondo. En otras zonas cambian los inversionistas, pero en Loliondo no, siguen siendo los mismos.

– ¿A qué te refieres con “los inversionistas”?

Los inversionistas cambian cada cierto tiempo (meses o años) en otras áreas controladas de caza, excepto en Loliondo. En Loliondo se han establecido los mismos desde el principio. Dsfrutan del uso de esa tierra para la caza durante un tiempo (5 años, por ejemplo) y luego los inversionistas deben cambiar. Pero eso no está pasando en nuestra tierra.

– Entonces, ¿están cazando en Loliondo actualmente?

Sí, cada mes de junio.

– ¿Y esto afecta a vuestros pueblos?

De momento no. Aunque no nos permite acercarnos durante el verano en busca de agua y pasto para nuestro ganado.

– ¿Sólo en verano? ¿El resto del año podéis ir?

Sí, pero ellos quieren que cada vez sea más tiempo, no cazar únicamente en junio. Lo achacan a que los masái somos muchos, que estamos creciendo mucho como población.

– Llegaron noticias a España de que masái de Loliondo habían sido forzados a emigrar. ¿Puedes confirmarlo?

Hace tres o cuatro años el gobierno anunció que teníamos que movernos. Pero no lo hicimos, al menos nosotros no nos movimos. Y el conflicto es cada vez más grave.

– Quizá mucha gente quiera ayudaros fuera de Loliondo pero no sabe cómo hacerlo.

Es cierto. No obstante, el problema del robo de la tierra no sólo ocurre en Loliondo, también está pasando fuera: desde el Área de Conservación del Ngorongoro, cerca de la Garganta de Oldupai pasando por Lake Natron hasta Loliondo. Muchos kilómetros. Quieren incluso ampliar el Serengeti.

– ¿Y qué hace el gobierno por vosotros a través de las áreas de conservación?

Antes solían hacer cosas por nosotros, pero ahora ya no. Si todo son zonas de conservación, ¿dónde vamos a meter a nuestros animales? Los masái no podemos matar animales salvajes. Los parques nacionales y las zonas de conservación se han establecido en tierra masái.

– Una de las posibles soluciones podría ser negociar con el gobierno un reparto de tierra equilibrado donde cupieran todas las actividades.

Eso es lo que queremos.

– Y que la comunidad masái esté protegida dentro de su territorio.

No estamos protegidos en estos momentos. Ni siquiera dentro del Área de Conservación del Ngorongoro porque la gente se está muriendo de hambre. No se les permite tener pequeños huertos.

– Es decir, que el gobierno prefiere proteger la vida salvaje antes que a los masái.

Exacto.

– En el pasado oí que algunas casas de los masái fueron quemadas en Loliondo por este conflicto. ¿Es cierto?

Sí. Lo que ocurrió entonces es que hay un área cercada, delimitada para los árabes. Y los masái construyeron sus casas dentro de esa zona. Exigieron a los masái que se marcharan, pero se negaron, por lo que el “ranger” prendió fuego a las casas con el beneplácito del gobierno.

– ¿Murió gente o animales con el incendio?

Que yo sepa no, porque era por la tarde y aún no habían vuelto de pastorear.

– ¿Y los niños y las mujeres?

No, estaban fuera. La policía las sacó y prendieron fuego a las viviendas.

– Si los animales pastan dentro de las zonas protegidas de conservación de vida salvaje, ¿qué ocurre?

Los masái nos vemos obligados en ocasiones a llevar a nuestro ganado a pastar a zonas más fértiles, donde hay hierba y pasto. Eso supone que a veces el pasto se encuentra en zonas protegidas o parques nacionales. Si el “ranger” nos ve, nos pone una multa y debemos pagar dinero al estado por la infracción. Por unas 300 o 500 vacas debes pagar un millón de chelines tanzanos.

– Quieren que emigréis hacia el norte, pero ¿cómo es la tierra de esa zona?

Demasiado pequeña e infértil. Y la población masái está creciendo cada vez más. No es suficiente para nosotros.

– ¿Han acudido al Parlamento miembros de la comunidad masái para tratar este problema?

Sí, hace dos años. Pero no se consiguió nada. El gobierno sigue manteniendo silencio.

– Todo esto en conclusión trata sobre el gran problema de nuestro mundo: el dinero.

Sí. Los árabes tienen mucho dinero para pagar al gobierno, los masái no. Aunque pagamos nuestros impuestos cada vez que vendemos nuestro ganado, o por establecer nuestras casas.

– No es comprensible que quieran justamente esa tierra, con lo grande que es Tanzania…

Incluso la tierra que ya tienen para la caza es enorme, pero quieren cada vez más.

– En el pasado Serengeti tuvo el mismo problema de tierra para los masái.

Sí, incluso ahora. Hay pueblos masái cercanos a Serengeti que tienen el mismo problema que nosotros en Loliondo. Quieren ampliar Serengeti y ocupar terreno masái. Se habla de ello en televisión cada día pero nadie escucha.

– ¿Y qué hay del resto de masái? ¿Tenéis el apoyo del resto?

Sí, pero hace falta más gente, más influencia. Los masái de Kenia tienen el mismo problema que nosotros. Quieren moverse hacia el sur, hacia Loliondo. Hay conflictos incluso entre los propios masái por este tema. La población es muy grande y no hay espacio suficiente. En Kenia hay mucha tierra cercada para animales, muchas granjas privadas, por lo que los masái cada vez tienen menos tierra para los pastos de su ganado. Tenemos un problema de tierra con nuestro gobierno y otros masái desean asentarse también en nuestra tierra porque cada vez tienen menos en Kenia.

– Desde tu punto de vista, ¿cuál sería la solución a este problema?

Los pueblos deben permanecer donde están, que no haya migraciones forzosas ni desalojos. Alzar la voz para que cada vez más gente nos ayude, tanto dentro de Loliondo como fuera. Que la gente se movilice por nuestra causa.

– ¿Y crees que el gobierno cambiará sus planes?

Sí, si somos muchos.

– ¿Qué vais a hacer si el problema persiste?

En ese caso la comunidad masái luchará. Si no podemos dar de comer a nuestro ganado, esto afecta a nuestra economía, a nuestro modo de vida. Es nuestro sustento y tendremos que defenderlo. El conflicto se agravará.

– ¿Quieres decir que declararéis la guerra al gobierno?

Sí.

– Pero el gobierno tiene mucho poder y un ejército con armas difíciles de combatir.

Lo sabemos, pero no vamos a regalar nuestra tierra. No nos vamos a mover. No queda otro remedio. Mi familia, mi gente… llevamos muchos años allí. ¿Por qué tenemos que movernos ahora? ¿Adónde vamos a ir? Es mejor luchar que morir de hambre.

– ¿Y cómo te sientes con todo esto que está pasando?

Muy mal. Es una situación muy desagradable que nadie quiere. Desearía que la gente ayudara a la comunidad masái. Si nos echan, ¿adónde vamos a ir? Nuestro ganado morirá y con ellos, nosotros.

– ¿Quieres decir algo más?

Quisiera pedir a personas, organizaciones, a la gente que nos ayude a defender y a luchar por nuestra tierra. Es muy importante para nosotros.

(Continuará)

REFERENCIAS:

http://www.animanaturalis.org/n/42536/tribu_masai_desalojada_para_el_beneficio_de_cazadores_de_leones

http://www.vice.com/es_mx/read/victimas-de-la-conservacion-0000609-v8n5

https://cse.google.com/cse?cx=016619701585897751082:vktfqnaa_2m&ie=UTF-8&q=loliondo#gsc.tab=0&gsc.q=loliondo&gsc.page=1

http://unchartedoutposts.com/images/category/5/825-map-tanzania_loliondo_large.jpg

http://www.culturalsurvival.org/news/eviction-maasai-continues-loliondo-tanzania

http://maendeleovijijini.blogspot.com.es/2014/11/online-global-petition-to-stop-maasai.html

Ol Doinyo Lengai: La montaña de Dios

Ol Doinyo Lengai es un volcán ubicado al sur del Lago Natron, en el extremo sur del brazo oriental del Gran Valle del Rift, en el noroeste de Tanzania. Los masái conocen a este volcán como “La Montaña de Dios”.

Ol Doinyo Lengai

Lemra Kingi es un masái que vive en el pueblo de Engaresero, cerca del Lago Natron (Tanzania). Nos conocimos en 2012, cuando viajó por primera vez fuera de su tierra, hacia España. Este viaje formaba parte del programa de intercambio cultural de la Red Internacional de Territorios con Patrimonio Arqueológico. Lemra, junto a otros tres miembros de la comunidad masái, vinieron para conocer nuestro patrimonio y nuestras costumbres, además de mostrarnos las suyas en unas jornadas que tuvieron lugar en el Parque Arqueológico de la localidad de Atapuerca (Burgos). En noviembre de 2014 mi marido y yo viajamos a Tanzania con un grupo de personas para conocer en más profundidad a la comunidad masái y aquella tierra ancestral tan apasionante. Nuestro viaje fue una experiencia inolvidable: desde ser protagonistas de una boda masái, hasta visitar la Cuna de la Humanidad (el Yacimiento de Oldupai), pasando por paisajes impresionantes, safaris, conocer tribus como los Hadzabe o los Datoga, dormir en un campamento rodeados de búfalos en el Serengeti y un sinfín de vivencias y emociones que necesitarían una entrada en el blog aparte cada una.

Leopardo masaisJirafas Leones

Yacimiento de Oldupai (La Cuna de la Humanidad) Elefante en Serengeti Lemra Kingi en Lago Natron   Campamento en Serengeti

Remonte del río Engaresero Cebra en el Cráter del Ngorongoro

Lemra nos acompañó en aquel viaje, siempre pendiente de nosotros. Se encargaba de organizar el campamento junto a más trabajadores. Cocinó para nosotros durante la mayor parte de nuestra estancia y he de decir que la comida estaba deliciosa. Lemra es un hombre humilde. Un hombre que siempre ha intentado salir adelante en una tierra donde para los masáis no hay tantas oportunidades como para otras personas. Este verano volvió de nuevo a Burgos. Charlando con él nos contó que había tenido problemas en el aeropuerto de salida en Tanzania. Iba ataviado con sus ropas típicas masái. No debe de ser habitual ver a masáis cogiendo un aviones, porque le retuvieron durante una hora para hacerle preguntas acerca de adónde iba, sobre cómo era posible que un masái volara a España, qué motivos tenía para hacerlo, de dónde había sacado el dinero y un largo etcétera. Tras dar respuesta a las preguntas y sentirse tremendamente incómodo, como uno puede imaginar, pudo continuar con el viaje.

En su estancia en Olmos de Atapuerca aproveché la oportunidad de entrevistarme con él. A continuación, la entrevista que hicimos en casa de unos muy buenos amigos:

Lemra, quisiera preguntarte si has ido a la escuela.

Sí, fui a la Escuela Primaria, pero no a la Escuela Secundaria.

¿Por qué no pudiste acudir a Secundaria?

Porque a mi padre antes no le gustaba la idea de que fuera al colegio. Es muy tradicional. Pero mi hermano quería que fuera, así que me agarraba de la mano y me llevaba a la escuela. Fui a clase y terminé la Escuela Primaria. Pero no hubo dinero para que pudiera continuar con mis estudios.

¿Cuántos hermanos tienes?

Cuarenta y cinco, hermanas y hermanos de cinco madres. Mi madre tuvo diez hijos, así que tengo nueve hermanos de mi madre biológica.

¿Dónde aprendiste a hablar inglés?

En la escuela no lo aprendí. Lo aprendí al trabajar como guía de turismo: acompañando a la gente a excursiones, actividades, visitas, yendo de safari con ellos, etc.

¿Cómo empezaste en el mundo del turismo?

En 1999, el turismo empezaba a aumentar, así que comencé a acompañar a grupos a realizar visitas y actividades: Ol Doinyo Lengai es el volcán que está al lado de mi casa, lo habré subido cientos de veces, el remonte del río Engaresero para llegar a la cascada lo he recorrido desde que era un niño, y así muchos lugares. Aproveché la oportunidad para observar, escuchar y practicar el idioma. Al principio hablaba un poquito, pero poco a poco pude desenvolverme mucho mejor. En 2001 estuve estudiando para ser chef. De esta manera, podría cocinar para los turistas. Así que me marché a Arusha durante ocho meses y también aprendí inglés allí.

¿Cuándo empezaste a acompañar a grupos turísticos?

En 1996, siendo muy joven. Me ganaba un dinero y hacía lo que me gustaba.

¿Todavía tienes vacas y cabras?

Sí, cuando no puedo ocuparme de ellas, me ayudan mis hermanos.

¿Cuál es tu trabajo ahora?

Eduardo y yo estamos comenzando con una empresa turística, que se llama Hornbill Tours & Safari, intentando conseguir clientes. Espero que el año que viene vengan más turistas con nuestra empresa. Estamos buscando agentes de viaje que hagan de intermediarios en distintos países para agilizar las gestiones y traer más gente a visitar nuestra hermosa tierra: Serengeti, Ngorongoro, Lago Manyara, Lago Natron, etc. Hay muchos parques nacionales en Tanzania y muy grandes.

¿Conoces a más masáis que tengan empresas de safaris?

Algunos hacen un trabajo parecido, no muchos. Masáis que guíen grupos hay más, pero que tengan una empresa es mucho más difícil. Es muy caro. En Tanzania hay muchas empresas de safari, pero la mayoría pertenecen a blancos. Me gustaría trabajar como los blancos, parecerme a ellos en cuanto a experiencia. Los blancos saben cómo promocionar y traer gente a Tanzania. Y tienen dinero. Hay otras empresas que pertenecen al gobierno también.

Pero ser blanco no significa tener dinero o saber llevar bien una empresa, ¿no crees?

Bueno, allí parece que les va bien y saben hacer las cosas. Ellos tienen familia en sus países de origen, amigos, conocidos, y traen gente a visitar nuestra tierra.

¿Tienes hijos?

Sí, tengo cuatro hijos. Dos niños y dos niñas.

 ¿Y van al colegio?

Sólo van dos de ellos.

¿Por qué sólo dos de ellos van al colegio?

Porque son muy pequeños y porque necesito ganar dinero para que puedan ir a la escuela. Ahora pago por dos: uno en la Escuela Secundaria y otro en la Escuela Intermedia. Espero ganar dinero suficiente para que el año que viene puedan seguir estudiando.

¿Y los otros dos niños irán al colegio en el futuro?

Por supuesto. Es lo que quiero para ellos.

¿Por qué quieres que tus hijos vayan a la escuela?

La educación y la enseñanza son muy importantes. Necesito que mi familia vaya a la escuela, que tengan una buena educación, que terminen sus estudios y tengan un buen trabajo.

¿Qué pasaría con el modo de vida tradicional masái si todos los miembros de la comunidad fueran a la escuela y trabajaran fuera de la comunidad?

Yo creo que no se perdería la tradición. Cambiaría, pero no mucho. Tiene que cambiar, todo tiende a cambiar. No cambiaríamos todos, sólo algunos. Se puede compaginar nuestra forma de vida tradicional y la escuela. Cuando estoy en la escuela, estoy estudiando. Pero cuando regreso a casa, sigo pastoreando ganado. Nunca abandonaríamos nuestro modo de vida ni nuestras costumbres.

¿Qué quieres para tu familia? ¿Cuál es tu sueño?

En estos momentos quiero hacer un buen trabajo con la empresa que estamos arrancando. Mi plan es ése. De esta manera puedo ayudar a mis hijos a tener una buena educación. Este es mi sueño. Trabajar para que mis hijos puedan ir a la universidad y lleguen a ser abogados o médicos.

Lemra y yo después de recibir los regalos que me trajo de Tanzania
Lemra y yo después de recibir los regalos que me trajo de Tanzania

Lemra intenta abrirse paso en un entorno complicado. Un entorno de dificultad, tanto económica como social. Cuando estuvimos en Arusha con él, fuimos testigos de cómo algunos ciudadanos tanzanos le increpaban en el mercado por ayudarnos con las compras para que no pagáramos un precio elevado. Se referían a él como masái de forma despectiva y se le enfrentaron en un par de ocasiones. Le pregunté por lo que había pasado ese día. No quiso contestar. Simplemente me dijo: está todo bien, no pasa nada.

Lemra Kingi quiere para sus hijos lo que no pudo tener para sí mismo por diversas circunstancias. Cada vez que asciende a la cima del volcán Ol Doinyo Lengai, le pide a la montaña que su sueño se cumpla, que sus hijos tengan un futuro mejor que el que pudo conseguir él. Es un hombre muy tenaz, sabe lo que quiere y trabaja para alcanzar sus objetivos. Además de ser una muy buena persona. Estoy segura de que conseguirá lo que busca para su familia y para su pueblo. Se lo merece. Nuestros mejores deseos para que vea cumplido su sueño.

www.oldoinyo-lengai.org
Lemra Kingi en el volcán Ol Doinyo Lengai

Referencias:

http://hornbilltoursandsafari.com/

Datoga

El viaje a Tanzania nos permitió conocer diferentes etnias con diversos modos de vida. En el anterior post sobre los Hadzabe hice una breve mención a otro pueblo que vive también en el área del Lago Eyasi. Este post tiene como epicentro a este pueblo: los Datoga.

Los Datoga tienen varios nombres alternativos: Taturu, Mangati (que significa “Fiero enemigo” para los Masais), Tatog, Datooga y Barabaig. El hecho de que los Masais les hayan dado ese nombre revela una historia de conflicto anterior. Durante nuestra estancia en Tanzania, varios Masais nos acompañaron a todos los lugares que visitamos excepto a uno: ese lugar es el territorio de los Hadzabe y de los Datoga.

Evidencias arqueológicas, históricas y etnolingüísticas sitúan sus orígenes en el sur de Sudán o al oeste de las montañas de Etiopía, probablemente hace 3.000 años. Se estima que el rango de población Datoga en Tanzania varía entre 30.000 y 76.000 individuos.

El paisaje que habitan los Datoga sigue siendo igual de agreste y árido que la tierra Hadzabe.

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Tienen construcciones diferentes que los identifican. Construyen sus casas con palos, arena y estiércol de vaca. El techo es también de barro, al contrario de otras tribus que techan sus casas con hierbas.

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Se autoidentifican como pastores (los ganados se componen de cabras, ovejas y burros, pero el ganado vacuno es para los Datoga su recurso más importante), aunque también confían en estrategias de subsistencia variadas incluyendo la ganadería, el comercio y el trabajo asalariado. A lo largo de la región, algunas comunidades continúan desempeñando prácticas tradicionales y manteniendo una dieta basada en la leche, mientras que otras comunidades prefieren la agricultura intensiva y el matrimonio interétnico (sobre todo con la etnia Iraqw).

Los cambios económicos hacia el trabajo asalariado y el comercio han modificado la composición doméstica Datoga. Tradicionalmente patrilineales y polígamos, los hombres ricos Datoga otrora se casarían con múltiples mujeres de otros clanes y mantendrían núcleos domésticos también múltiples para poder acceder a una mayor diversidad de tierras de cara a la agricultura y al pastoreo. A menudo las familias poseían una red comunitaria y de parentesco en la que podían confiar en períodos o momentos de escasez. Las familias con más riqueza ayudaban a las más pobres compartiendo el ganado, además de otras formas cooperativas en cuanto a la distribución de recursos.

Actualmente, las familias Datoga se están reduciendo y se encuentran cada vez más aisladas de las redes sociales. Esto es más característico en las regiones donde siguen desempeñando actividades de pastoreo.

Estos cambios en la composición y estructuras familiares se deben a las nuevas actividades laborales, a las políticas de ajuste que incrementan el coste del ganado, los productos de cultivo como el maíz, las alubias o el arroz, la educación y el cuidado médico. Como resultado, los tamaños de muchas familias están mermando, con hombres que se casan con una única mujer, siendo las mujeres las cabeza de familia mientras los hombres emigran para trabajar.

En la aldea Datoga pudimos ver que también son artesanos del metal: son herreros. Fabrican una amplia variedad de objetos: desde productos decorativos como pulseras y adornos para el pelo, hasta puntas de flecha, cuchillos, azadillas para el campo, cubiertos, etc. Acuden al mercado a kilómetros de distancia para adquirir candados, cerraduras, o cualquier objeto de metal que puedan fundir. Estos productos los realizan para comercializar con ellos, además de para uso propio. Supimos que, si bien los Masais y los Datoga son enemigos desde hace mucho, los Hadzabe y los Datoga se ayudan mutuamente en un mundo cada vez más hostil para con ellos. Los Datoga les proporcionan puntas de flecha de metal para cazar, así como maíz y otros productos alimenticios.

Objetos de metal para fundir que adquieren en el mercado

Presenciamos el proceso de fundido, en una hoguera en el suelo avivada por fuelles para alcanzar la temperatura apropiada. Son muy diestros en el desempeño de esta labor.

Tras fundir los objetos de metal, hacen uso de moldes de piedra para obtener diferentes formas. Las puntas de flecha, por ejemplo, han de pasar después por otro proceso para darle la forma deseada a base de golpes con martillo y moldeado con una lima.

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La imagen persistente en mi memoria de aquel paisaje seco, aparentemente carente de vida, no se difumina. En todo momento me pregunté por la escasez de agua, si bien horadan pozos para obtenerla. Pero parece increíble que el ganado pueda pastar cuando prácticamente no hay pasto. Nunca en mi vida había visto a ovejas saltar a las ramas de pequeños árboles para poder comer. No me puedo imaginar los kilómetros que han de recorrer para encontrar una tierra menos yerma.

Todavía hoy, desde mi escritorio, a 9.000 kilómetros de distancia, tengo en mi interior una mezcla de sentimientos. Me enorgullece que existan pueblos que se resistan a cambiar sus modos de vida. Al mismo tiempo siento frustración al pensar que este mundo depredador en el que vivimos está acabando con ellos. El cambio es inevitable, lo sé, de una manera o de otra. Pero no a costa de hacer daño a familias, a etnias, a culturas, a personas. Los Datoga han sufrido desalojos de sus tierras. Se les ha ido empujando a áreas poco productivas, que casi no los pueden sostener. Ha habido muertes, hambre, conflictos, lágrimas, sufrimiento, pérdidas, desarraigo, abusos de los derechos humanos… Otro caso más de codicia e injusticia humanas. Ahora, estos pueblos se ven obligados a cambiar sus costumbres. Obligados a vender y comprar, a complementar su modo de vida con el turismo, a basar sus vidas en el dinero. El dinero, siempre el dinero… No encuentro ético contribuir a hacer desaparecer sus costumbres. Pero, ¿qué pueden hacer para evitar esta situación? Y en ese conflicto me encuentro: ¿debemos adquirir sus productos para que puedan sobrevivir? ¿Qué solución habría como contrapartida al turismo? ¿Qué podemos hacer para frenar a un gobierno que fuerza a sus pueblos a cambiar sus costumbres aunque los interesados no quieran? Quizá un turismo responsable y no depredador. Una actividad que complemente su modo de vida tradicional para que no lo pierdan del todo…

Fuentes:

http://alysongyoung.org/datoga/

http://www.busaraproject.org/the-tribes/

http://www.warriorsorganization.org/datoga.html

http://www.uib.no/filearchive/1037346e5bb6ea1002-1-.pdf

http://www.danielasieff.com/wp-content/uploads/2014/09/Sieff-D.F.-1997-Herding-strategies-of-the-Datoga-pastoralists-of-Tanzania-is-household-labor-a-limiting-factor.pdf

http://www.datoga.org/

http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-ultimos-indigenas/ultimos-indigenas-datoga/2013891/