Datoga

El viaje a Tanzania nos permitió conocer diferentes etnias con diversos modos de vida. En el anterior post sobre los Hadzabe hice una breve mención a otro pueblo que vive también en el área del Lago Eyasi. Este post tiene como epicentro a este pueblo: los Datoga.

Los Datoga tienen varios nombres alternativos: Taturu, Mangati (que significa “Fiero enemigo” para los Masais), Tatog, Datooga y Barabaig. El hecho de que los Masais les hayan dado ese nombre revela una historia de conflicto anterior. Durante nuestra estancia en Tanzania, varios Masais nos acompañaron a todos los lugares que visitamos excepto a uno: ese lugar es el territorio de los Hadzabe y de los Datoga.

Evidencias arqueológicas, históricas y etnolingüísticas sitúan sus orígenes en el sur de Sudán o al oeste de las montañas de Etiopía, probablemente hace 3.000 años. Se estima que el rango de población Datoga en Tanzania varía entre 30.000 y 76.000 individuos.

El paisaje que habitan los Datoga sigue siendo igual de agreste y árido que la tierra Hadzabe.

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Tienen construcciones diferentes que los identifican. Construyen sus casas con palos, arena y estiércol de vaca. El techo es también de barro, al contrario de otras tribus que techan sus casas con hierbas.

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Se autoidentifican como pastores (los ganados se componen de cabras, ovejas y burros, pero el ganado vacuno es para los Datoga su recurso más importante), aunque también confían en estrategias de subsistencia variadas incluyendo la ganadería, el comercio y el trabajo asalariado. A lo largo de la región, algunas comunidades continúan desempeñando prácticas tradicionales y manteniendo una dieta basada en la leche, mientras que otras comunidades prefieren la agricultura intensiva y el matrimonio interétnico (sobre todo con la etnia Iraqw).

Los cambios económicos hacia el trabajo asalariado y el comercio han modificado la composición doméstica Datoga. Tradicionalmente patrilineales y polígamos, los hombres ricos Datoga otrora se casarían con múltiples mujeres de otros clanes y mantendrían núcleos domésticos también múltiples para poder acceder a una mayor diversidad de tierras de cara a la agricultura y al pastoreo. A menudo las familias poseían una red comunitaria y de parentesco en la que podían confiar en períodos o momentos de escasez. Las familias con más riqueza ayudaban a las más pobres compartiendo el ganado, además de otras formas cooperativas en cuanto a la distribución de recursos.

Actualmente, las familias Datoga se están reduciendo y se encuentran cada vez más aisladas de las redes sociales. Esto es más característico en las regiones donde siguen desempeñando actividades de pastoreo.

Estos cambios en la composición y estructuras familiares se deben a las nuevas actividades laborales, a las políticas de ajuste que incrementan el coste del ganado, los productos de cultivo como el maíz, las alubias o el arroz, la educación y el cuidado médico. Como resultado, los tamaños de muchas familias están mermando, con hombres que se casan con una única mujer, siendo las mujeres las cabeza de familia mientras los hombres emigran para trabajar.

En la aldea Datoga pudimos ver que también son artesanos del metal: son herreros. Fabrican una amplia variedad de objetos: desde productos decorativos como pulseras y adornos para el pelo, hasta puntas de flecha, cuchillos, azadillas para el campo, cubiertos, etc. Acuden al mercado a kilómetros de distancia para adquirir candados, cerraduras, o cualquier objeto de metal que puedan fundir. Estos productos los realizan para comercializar con ellos, además de para uso propio. Supimos que, si bien los Masais y los Datoga son enemigos desde hace mucho, los Hadzabe y los Datoga se ayudan mutuamente en un mundo cada vez más hostil para con ellos. Los Datoga les proporcionan puntas de flecha de metal para cazar, así como maíz y otros productos alimenticios.

Objetos de metal para fundir que adquieren en el mercado

Presenciamos el proceso de fundido, en una hoguera en el suelo avivada por fuelles para alcanzar la temperatura apropiada. Son muy diestros en el desempeño de esta labor.

Tras fundir los objetos de metal, hacen uso de moldes de piedra para obtener diferentes formas. Las puntas de flecha, por ejemplo, han de pasar después por otro proceso para darle la forma deseada a base de golpes con martillo y moldeado con una lima.

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La imagen persistente en mi memoria de aquel paisaje seco, aparentemente carente de vida, no se difumina. En todo momento me pregunté por la escasez de agua, si bien horadan pozos para obtenerla. Pero parece increíble que el ganado pueda pastar cuando prácticamente no hay pasto. Nunca en mi vida había visto a ovejas saltar a las ramas de pequeños árboles para poder comer. No me puedo imaginar los kilómetros que han de recorrer para encontrar una tierra menos yerma.

Todavía hoy, desde mi escritorio, a 9.000 kilómetros de distancia, tengo en mi interior una mezcla de sentimientos. Me enorgullece que existan pueblos que se resistan a cambiar sus modos de vida. Al mismo tiempo siento frustración al pensar que este mundo depredador en el que vivimos está acabando con ellos. El cambio es inevitable, lo sé, de una manera o de otra. Pero no a costa de hacer daño a familias, a etnias, a culturas, a personas. Los Datoga han sufrido desalojos de sus tierras. Se les ha ido empujando a áreas poco productivas, que casi no los pueden sostener. Ha habido muertes, hambre, conflictos, lágrimas, sufrimiento, pérdidas, desarraigo, abusos de los derechos humanos… Otro caso más de codicia e injusticia humanas. Ahora, estos pueblos se ven obligados a cambiar sus costumbres. Obligados a vender y comprar, a complementar su modo de vida con el turismo, a basar sus vidas en el dinero. El dinero, siempre el dinero… No encuentro ético contribuir a hacer desaparecer sus costumbres. Pero, ¿qué pueden hacer para evitar esta situación? Y en ese conflicto me encuentro: ¿debemos adquirir sus productos para que puedan sobrevivir? ¿Qué solución habría como contrapartida al turismo? ¿Qué podemos hacer para frenar a un gobierno que fuerza a sus pueblos a cambiar sus costumbres aunque los interesados no quieran? Quizá un turismo responsable y no depredador. Una actividad que complemente su modo de vida tradicional para que no lo pierdan del todo…

Fuentes:

http://alysongyoung.org/datoga/

http://www.busaraproject.org/the-tribes/

http://www.warriorsorganization.org/datoga.html

http://www.uib.no/filearchive/1037346e5bb6ea1002-1-.pdf

http://www.danielasieff.com/wp-content/uploads/2014/09/Sieff-D.F.-1997-Herding-strategies-of-the-Datoga-pastoralists-of-Tanzania-is-household-labor-a-limiting-factor.pdf

http://www.datoga.org/

http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-ultimos-indigenas/ultimos-indigenas-datoga/2013891/

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