Los nabateos de Petra

Este post se abre con un objeto pequeño, a priori carente de atractivo. Pero, de nuevo, un objeto que esconde tras de sí el paso de los siglos, testigo de pueblos tanto actuales como desaparecidos. Esta pieza es un pequeño pedazo de roca arenisca, que ha viajado a España desde la capital de los nabateos: Petra.

P1000282

Los nabateos fueron un pueblo nómada árabe que empezó a establecerse en la región de Petra a finales del s. VI a. C. Parece que no habían planificado asentarse en Petra, sino que su intención era la de llegar al sur de Palestina. El destino quiso que encontraran un lugar atractivo para ellos: abundante en agua y un cañón con paredes perfectas para su defensa. Pero no fueron los primeros habitantes de Petra. Al llegar, se encontraron con los edomitas. No obstante, parece que éstos acogieron bien a los nabateos y la convivencia fue pacífica. Los nabateos se dedicaban principalmente a la agricultura. Cultivaban viñas y olivos. Pero además criaban cabras, dromedarios, caballos y ovejas.

Tenían conocimientos sobre la canalización del agua y construyeron una compleja red de canales y cisternas para traer el agua desde un gran nacimiento, Ain Musa, situado a varios kilómetros del centro de la ciudad. Pero su principal riqueza procede del hecho de que Petra fue un importante centro para las lucrativas rutas comerciales que enlazaban China (en el este) con Roma (en el oeste). Las caravanas cargadas de incienso, seda y especias, además de otros materiales exóticos, paraban para descansar en Petra, ciudad que les ofrecía abundante agua y protección de los maleantes. Como agradecimiento por su hospitalidad, los nabateos exigían un “impuesto” por los bienes que atravesaban la ciudad, por lo que se desarrollaron económicamente con lo recaudado.

Los nabateos eran un pueblo instruido que hablaba un dialecto del arameo, el idioma de la época bíblica, y se pueden admirar muestras de su delicada caligrafía grabadas en la pared rocosa de Petra.

Además de sus logros arquitectónicos sin precedentes, los nabateos eran conocidos por sus conocimientos de cerámica, que se cree que heredaron de los edomitas.

La capital de los nabateos está formada por un sinfín de construcciones que pertenecen tanto a la ciudad de los vivos como a la de los muertos. Las fachadas dispersas por todo su perímetro corresponden en su mayoría a las tumbas de ricos comerciantes, nobles y monarcas. Aparte de las tumbas, los palacios, las casas, los negocios, los templos, los almacenes, los talleres y los espacios públicos daban cobijo a las actividades cotidianas. Dos de sus construcciones más emblemáticas son El Tesoro y El Monasterio:

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Caminando por el Siq, el angosto desfiladero que da acceso a la ciudad, lo primero que uno se encuentra es la imponente fachada del Tesoro, tal vez la tumba del rey Aretas IV.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Existe una leyenda acerca del nombre de este lugar. ¿Por qué se conoce como el Tesoro si se cree que es una tumba?  Una leyenda beduina cuenta que un faraón egipcio escondió en lo alto una fortuna en oro. Durante mucho tiempo los beduinos se dedicaron a disparar dicha cúpula con la esperanza de que el oro cayera. Los impactos de bala aún se conservan en la roca. Otra curiosidad del Tesoro es que fue tallado en la propia roca desde arriba hacia abajo. Las columnas son meramente decorativas, no soportan peso alguno.

5748356313_811514816d_o
Más allá de la Avenida de las tumbas, el Teatro y la Vía Columnada encontramos un camino empinado. Tras subir más de 800 escalones se llega a un enclave único, a un templo dedicado al culto del rey Obodas I (96-85 a. C.). Se conoce con el nombre de ed-Deir “el Monasterio”, porque en época bizantina fue convertido en iglesia.

Uno de los aspectos simbólicos que me llamaron la atención fueron las escaleras esculpidas en algunas de las fachadas arquitectónicas:

875488814-tumba-del-rey-helenismo-petra-jordania-monumento-funebre
Los nabateos tenían la creencia de que el alma de los muertos enterrados en esas tumbas podrían ascender al cielo por medio de esas escaleras.

La ciudad de Petra está repleta de gente, de turistas curiosos, de beduinos, de niños… Nos sorprendió la cantidad de niños que tratan de ganarse la vida allí. Una de las niñas que conocimos fue Leila. Leila tenía 12 años y se había encaprichado de mis gafas de sol. Le dije que no podía dárselas, que el sol me dañaba mucho la vista y no tenía otras. Se las presté mientras nos retratábamos en esta fotografía:

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Charlamos durante un rato. Me contó que caminaba muchos kilómetros para venir a la ciudad de Petra. La pregunté si iba al colegio y me contestó que sí, señalando a lo lejos. Nos despedimos, y mi marido y yo continuamos con nuestra visita. De repente, Leila nos llamó corriendo detrás nuestro. Se había olvidado de devolverme las gafas de sol. Fue un gesto que quedará en mi memoria para siempre. En Jordania encontramos a muchos niños que trataban de vender chicles o cosas similares para conseguir algunas monedas y llevar algo a casa.

El viaje a Jordania fue uno de los más especiales que hemos hecho. No sólo por albergar lugares sorprendentes, sino por las gentes que conocimos. En aquel viaje hicimos amigos con los que todavía hoy mantenemos el contacto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Detrás de ese pequeño trozo de roca se esconden todas estas historias. Y algunas más que publicaré más adelante.

– Jaime Alvar. Petra, la ciudad excavada en la roca. National Geographic, nº 106.

– http://www.petranationalfoundation.org/

– http://www.visitpetra.jo/Petra/TheNabeteans.aspx

– http://nabataea.net/gods.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s